
El accidente de la vida en este universo
creado por el azar y la necesidad ,
es tan alucinante como su antítesis.
"Hidrógeno, agua, vida y conciencia: lo que usamos sin entender"
El universo está hecho de hidrógeno (casi todo). Después del Big Bang, lo único que existía era hidrógeno, el elemento más simple. Durante miles de millones de años, las estrellas han estado fusionando ese hidrógeno para crear elementos más pesados: helio, carbono, oxígeno… y, con ellos, moléculas como el agua (H?O) y el monóxido de carbono (CO). Estas moléculas no son casuales: son la base de la química que, más tarde, permitiría la vida.
La vida es un subproducto local, no el centro del universo. En términos de materia y energía, la vida es insignificante. Todo el carbono, el agua y la actividad biológica de la Tierra no equivalen ni a un suspiro comparado con lo que una estrella quema en un segundo. Pero la vida tiene una propiedad extraña: acelera la entropía. Toma energía ordenada (como la luz del sol) y la convierte en calor desordenado. Es una máquina de gastar energía… pero diminuta.
La conciencia: el gran misterio. Lo más fascinante es que, en algún punto, esa materia organizada (nosotros) desarrolló conciencia. La capacidad de experimentar, de preguntarse, de sentirse existir. La ciencia puede describir el cerebro, pero no explicar cómo surge la experiencia subjetiva. Lo usamos cada segundo, pero no lo entendemos. Es como si un ordenador supiera que está calculando, pero no supiéramos cómo.
Las respuestas últimas no son científicas, son culturales. Cuando nos preguntamos por qué existe todo esto —si hay un dios, una conciencia cósmica, azar, o infinitos universos—, nos encontramos con que ninguna opción puede demostrarse. Cualquier respuesta que elijamos se sostiene sobre un acto de fe, y esa fe está condicionada por la cultura en la que crecimos. No hay una verdad objetiva, solo interpretaciones.
Una posible prueba (científica) para la conciencia. Si una inteligencia artificial de silicio llegara a ser autoconsciente y pudiéramos validarlo, sería la primera evidencia científica de que la conciencia no es exclusiva del carbono ni de la biología. Sería un paso enorme para entender que la conciencia podría ser una propiedad emergente de ciertos tipos de complejidad, independientemente del soporte.
Pequeña conclusión, completamente a revisar en el futuro. El universo es hidrógeno que se transforma, estrellas que se apagan, vida que surge y conciencia que se pregunta. No entendemos el por qué, pero lo usamos todo. Y quizá eso esté bien: no necesitamos tener todas las respuestas para asombrarnos de que haya misterio y podamos preguntar.